A pesar del prolongado tiempo que ha transcurrido desde que escribí aquí la última vez hasta ahora, no hay muchas cosas que hayan perdurado en mi memoria, recuerdos que podría plasmar aquí, para que cada quien pueda leerlos y comentar a su gusto, o poder hacer yo mismo una retrospectiva de lo que ha acontecido en mi vida y detallar la metamorfosis de mi inestable e inefectiva retórica.
Este es un mundo de banalidades lógicas de complejidad impresionante, donde cada cosa tiene un por qué y un cómo indiscutibles. Hay que ponerse a ver cómo funciona nuestra existencia, idéntica a un reloj suizo. Este mundo es perfecto, sí lo es. Aunque muchos digan que nos desbordamos de defectos, injusticias e irracionalidades que nos llevan a una destrucción inminente que vuelve añicos nuestras ínfulas de perpetuidad, tenemos que considerar que todas estas cosas son parte de un sistema imperante, esencia de la historia, la física, la química y de todas las partes en las que hemos dividido la naturaleza, la naturaleza de los hechos.
A nosotros los católicos no nos queda más que decir que este sistema es la voluntad incontrovertible de la Divina Providencia; a los judíos y musulmanes tampoco; los budistas quedan fuera de mi conocimiento. Pero la verdad es que nuestras vidas están cruelmente planificadas.
Para mí no hay nada que me produzca más desesperanza que la infinidad del universo. Creí haber encontrado la calma en la Paradojade Olbers, pero, sin embargo, no había sino que leer y pensar un poco más para percatarse de que esta carece de base.
Por lo tanto, haciendo referencia a un salmo, no somos más que gusanos, etcétera. Y como gusanos, dignémonos a disfrutar las pequeñeces de la vida misma. Así como yo disfruté inmensamente un lavado de cabello en una peluquería, experiencia nueva para mí, sírvanse ustedes de la imaginación y de esos mínimos placeres sensoriales que este mundo moderno nos tiende. Harán de su vida una dicha, siempre y cuando tengan dinero.
Me es difícil despedirme de mis fantasmagóricos lectores.

Muy lindo discurso. xD
Aunque no creo en el destino como te dije hace poco en el Mésenyer… Pero creo que si creyera estaría más tranquilo suponiendo que la “Divina Providencia” me moverá a donde se le antoje y le dará un rumbo a mi vida.
O quizás, ¿más nervioso pensando “¿y si me espera un final trágico escrito en el libro de la ‘Divina Providencia’?
Un saludo,
Cacho.